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Joven Guatemalteco Se Autodeporta De Oregon Por Temor A Incursiones De ICE


Versión en inglés (English version): Guatemalan Man Self-Deports From Oregon In Fear Of ICE Raids

Ignacio García-Pablo, de 21 años de edad, vino a los Estados Unidos hace cinco años. El dice que le tomó alrededor de un mes viajar más de 3.000 kilómetros de Guatemala a Oregon.  

Viajó por carretera y luego sobre un peligroso tren de carga conocido por los lugareños como La Bestia y contrató a un coyote para que lo pasara de contrabando a través de la frontera entre Estados Unidos y México.

Pero dice que valió la pena, hay oportunidad en Estados Unidos, algo que no tiene en casa, donde la sequía, el crimen y la corrupción política han hecho casi imposible que prospere.

“Pagué mi boleto de avión para irme voluntariamente, pero estoy pensando regresar en 4 años, después de que Donald Trump termine su cargo”, dijo Ignacio García-Pablo, 21, de Guatemala.

“Pagué mi boleto de avión para irme voluntariamente, pero estoy pensando regresar en 4 años, después de que Donald Trump termine su cargo”, dijo Ignacio García-Pablo, 21, de Guatemala.

Kimberley Freda/OPB

“En Guatemala es muy difícil construir una casa”, dijo García Pablo a OPB en una entrevista. “vine a trabajar y ganaba dinero para construir un hogar para mis padres y mi futura familia. Por eso vine aquí”.  

La comunidad de inmigrantes de Oregon - y aquellas industrias en las que los inmigrantes son el motor - han sido duramente golpeadas por las órdenes del presidente Trump de ser más rígidos con la aplicación de la ley de inmigración.

En algunas comunidades predominantemente latinas, los temores sobre deportaciones han llevado a tomar decisiones drásticas en su vida.

En algunos casos, inmigrantes van hasta el punto de deportarse ellos mismos. 

En los Estados Unidos, García-Pablo encontró trabajo con Great Produce Evergreen, un vivero en Newport.  

El dueño Fermín Miranda dice que sus empleados trabajan en los terrenos del Servicio Forestal de los Estados Unidos desde Tillamook hasta la frontera con California, recolectando arándanos y salal, un arbusto de hoja perenne.  

García-Pablo trabaja duro. Sus manos se sienten como papel de lija, y están cubiertas de verrugas por trabajar con la tierra. Por su ardua labor, gana cerca de $100 por día y ha enviado a sus padres el dinero suficiente como para construir una casa en Guatemala.  

Él viene de una gran familia. Él y dos de sus hermanos han vivido en Estados Unidos y trabajado en Great Produce Evergreen en diferentes épocas durante unos 10 años.

“Esa es la forma como funciona con ellos”, dijo Miranda en una conversación llevada a cabo por teléfono. “Se van, van a ver a sus familias y con el tiempo reaparecen aquí”.

Carnet de identidad de Ignacio García Pablo del Centro de Detención del Noroeste en Tacoma, Washington, junto a su itinerario de vuelo para regresar a Guatemala.

Carnet de identidad de Ignacio García Pablo del Centro de Detención del Noroeste en Tacoma, Washington, junto a su itinerario de vuelo para regresar a Guatemala.

Kimberley Freda/OPB

García-Pablo pensaba quedarse en los Estados Unidos por algunos años más.

Él no estaba preocupado por ser deportado o por estar en el país ilegalmente. Él dice que su estado migratorio no afectaba su vida cotidiana.  

Pero eso cambió con las elecciones presidenciales, el 2016.

“Pensaba quedarme unos siete u ocho años, pero cuando llegué a los Estados Unidos, Obama era el presidente, y todo estaba un poco más tranquilo”, dijo García-Pablo. “Ahora que Donald Trump fue elegido, siempre dice en las noticias que va a deportar a todas las personas que están indocumentadas aquí. Así que pensé: ‘No quiero que me deporten. No quiero ser detenido. No quiero estar en prisión’. Por eso compré mi boleto de avión para irme a casa”.

Su hermano mayor ya se había ido a Guatemala en enero, poco después de la toma de posesión de Trump. Ignacio García-Pablo por su parte, compró su boleto para principios de abril.

Pero una semana antes de su vuelo, agentes del Departamento de Seguridad Nacional ó ICE (por sus siglas en inglés) se presentaron en la puerta de su hogar en Newport.

Ellos le dijeron que buscaban a alguien, quien resultó, que no vivía en su casa, la cual compartía con sus hermanos, primos y sus familias.  

“Me preguntaron” ¿Cómo te llamas? “Le di mi nombre completo y el día de mi cumpleaños, y me preguntaron si tengo un documento legal de aquí”, dijo García-Pablo. “Le dije: ‘Para decirte la verdad, no lo tengo’”.  

Los agentes de ICE le preguntaron cuánto tiempo llevaba en los Estados Unidos. Él respondió honestamente: Cinco años.  

Él también les entregó su pasaporte y su tarjeta del consulado guatemalteco.  

“Revisaron mi nombre en esos papeles, y luego dijeron ‘Sabes, somos ICE’, y me puse muy triste”, comentó García Pablo.

Le dijeron que lo iban a llevar a la oficina de ICE en Portland.  

“Les pregunté: ‘¿Por qué me llevan si yo no tengo record criminal?’”, dijo García-Pablo. “Ellos respondieron, ‘Estamos buscando a alguien que cometió un crimen. Pero esa persona vive en otra casa ahora. Tienes mala suerte’”.

Los agentes arrestaron a García-Pablo, su hermano y su primo y los llevaron al Centro de Detención del Noroeste en Tacoma, Washington. García-Pablo les dijo a los agentes que ya estaba planeando ir a casa - incluso tenía un boleto de avión para comprobarlo.


Ignacio García Pablo, se toma un selfie con Marta Guembes, Cónsul Honoraria del Consulado de Guatemala de Oregon.

Ignacio García Pablo, se toma un selfie con Marta Guembes, Cónsul Honoraria del Consulado de Guatemala de Oregon.

Kimberley Freda/OPB

Eventualmente, el Consulado de Guatemala se involucró. La representante del consulado en Oregon, Marta Guembes, convenció a ICE para que liberaran a García-Pablo y lo pusieran bajo su custodia hasta su salida del país.

“Se trató más de la confianza que tenemos. Nuestro gobierno y el gobierno de los Estados Unidos tenemos que trabajar juntos, cuando se trata de estas situaciones, es parte de lo que es”, dijo Guembes. “Colaboramos juntos en otras situaciones en el pasado así que fue la confianza que tienen en mí, de que me aseguraré que Ignacio vaya al aeropuerto. Pero eso es lo que él planeaba hacer de todos modos”.

García-Pablo dejó los Estados Unidos el 2 de abril.  

Antes del viaje, dijo que se sentía bien de regresar a casa bajo sus propios términos. Pero también pensaba en el futuro.  

“Pagué mi boleto de avión para irme voluntariamente”, dijo García-Pablo. “Pero estoy pensando volver en cuatro años, después de que Donald Trump abandone el cargo”.

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